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Unidos por el mar
y
exhaustos por el último poste
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Informativo virtual
para integrar la familia naval colombiana |
CRÓNICA DE UNA RUMBA ANUNCIADA
-Celebración de los 40 años de graduados del contingente XXXVI-
Por Capitán de Navío Ricardo García Bernal / 34-030
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REGISTRO GRAFICO
![]() Carlos Vila, Guillermo Zabala, Beatriz de
Torres, Gabriel Torres, Ricardo García y Karin de Álvarez en la
recepción de ACORE
![]() Misael Álvarez, Rafa Steer, Gustavo Mora
y Myriam
de García, en la misma reunión de ACORE.
¿De quién hablarán?
![]() Los graduados del Contingente XXXVI con sus
"comandantes"
![]() Visitando el "ULTIMO POSTE" ... a paso lento
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Lamentamos la ausencia de 3 compañeros fallecidos: Capitán de Navío Jimeno Manrique Medina, Capitán de Corbeta Leonel Trejos Arcila, y Teniente de Corbeta Carlos A. Mejía Arenas; no nos acompañaron tampoco el Teniente de Corbeta Jorge Rojas Lince, residente en el exterior, uno que “ni‘an se sabe”, y otros tres, que tenían que hacer cosas mas importantes.
Y comienza la acción. En las instalaciones de ACORE, los residentes en Cartagena habían preparado una reunión, para iniciar el encuentro. Sorpresa agradable fue la presencia de nuestro primer Comandante de Sección, en ese tiempo Teniente de Fragata (después CN) Armando González Castañeda, y los Brigadieres Juan E. Gaitán González (después VA) y Carlos del Castillo Olaya, (después CF)
Muchos abrazos de reconocimiento, actualización sobre la vida, obra y milagros de presentes y ausentes, algunos buenos tragos y una excelente comida hicieron de esta noche una velada inolvidable. Nuestra experiencia colectiva nos llevó a concluir que en aquella época de bárbaras naciones, todas cosas malas venían de a dos:
· Pantaloneta y tenis (revolcada o camello seguros)
· Caqui y armas (a voltear se dijo)
· Pan y agua (dieta obligada en arresto severo)
· Espada y guantes ( ... sancionar, como efecto sanciona..)
Sigue la fiesta; al día siguiente, según el programa, el “rendez vous” era a las 10:00 en la recepción de hotel Caribe. A las 10:30 zarpamos faltando una señora, quien minutos después de nuestro zarpe protagonizó una espectacular persecución del bus en un taxi, y para alegría de todos, nos dio alcance llegando a la Torre del Reloj, gracias a la rotura de las calles debida a las obras del “Transmilenio” cartagenero.
La llegada a la Escuela Naval, por el motivo anterior, fue apenas “más o menos puntual”. Una cordial recepción por el Sr. Capitán de Navío González, Director Encargado de la Escuela y sus oficiales. Una emotiva celebración eucarística, en la hermosa capilla de la Escuela, nueva para muchos de nosotros, en homenaje a los fallecidos, incluyendo a la Sra. Yolanda Erazo de Escobar, esposa del TK Héctor Escobar.
La tradicional fotografía del grupo frente al mástil fue seguida por un rápido tour por las instalaciones de la escuela, irreconocibles para muchos, y admiradas por todos. Una interesante presentación, y un video sobre los nuevos desarrollos académicos y nuevos conceptos en la formación de los alumnos (y alumnas) no nos habían preparado completamente para lo que vendría a continuación.
El Batallón de Cadetes formado frente al edificio del comedor, los 10 visitantes formados de frente a éste, unas palabras de bienvenida. Honores a las autoridades; himno de la Armada a pleno pulmón; los gallardetes de las Compañías pasan frente a la formación; uno de nosotros pierde el paso por una sola vez, pero nunca lo recupera.
El batallón, con su enorme y marcial banda de guerra a la cabeza lleva a cabo, en nuestro honor, un hermoso y evocador desfile. Con la garganta aún congestionada por la emoción, y una que otra lágrima que aún asomaba, pasamos al comedor a compartir con los cadetes unos deliciosos fríjoles, que uno de nosotros iba poniendo en peligro, al extenderse demasiado en sus palabras al Batallón.
La siguiente serie de eventos constituiría una “tarde de cadetes”. Para hacer unos minutos de orden cerrado, pasamos al armerillo, en donde descubrimos que los mismos fusiles FAMAGE .30 de 40 años antes, eran ahora el doble de pesados. Un ensayo de manejos previo, en el que uno de los más “prusianos” del grupo, estando en posición de firmes con el fusil, confundió la orden de ¡ al hombro! con la de ¡ a discreción ¡. Lo anterior, unido a un manejo de ¡ al hombro ¡ efectuado al mejor estilo de las FARC, nos llevaron a concluir que no estábamos listos para un oso de ese tamaño, pero faltaba uno, mayor aún.
Cancelado el “orden cerrado”, venía ahora un ejercicio de remos; la programación estipulaba que las señoras permanecerían en la Cámara de Oficiales, pero ellas, guiadas por la premonición de que se perderían de algo espectacular, prefirieron acompañarnos al pañol de botes. Allí estaban 2 balleneras listas, que sería tripuladas con cadetes que fungirían como proeles y patronos
Ocupamos nuestros puestos en la ballenera listos para el zarpe, cuando el señor oficial de enlace hace una respetuosa y discreta sugerencia para que el ejercicio de remos fuera más eficiente. Entonces, un VA, tres CN, tres CC, un TF y 2 TK proceden a reacomodarse en la ballenera como Dios y el manual de Marinería I mandan, o sea, de cara al patrón, en la popa.
Subsanado este pequeño detalle técnico, zarpamos escoltados por la otra ballenera, en la que iban las señoras que no cupieron en nuestro bote, (es decir, que todo el mundo fue al paseo). Consideramos un logro haber dado la vuelta, sin ayuda de ninguna clase, a la isla de “Colchón Verde”, así que estábamos listos para regresar al hotel, henchidos de orgullo marinero.
Pero faltaba algo para completar la tarde: la vuelta al último poste, que se cumplió casi con todas las de la Ley; pero que nadie pregunte cual fue el punto de partida, ni quien llegó primero, pues casi todos llegamos de últimos.
Para dar cumplimiento al evento de la noche, consistente en una deliciosa comida en la hermosa casa de Rafael Steer, fue necesario haberle explicado a cierto Capitán de Altura el significado de la expresión “ponina” (contribución para pagar los gastos), pues él estaba convencido de que Ponina era el último “levante” del dueño de casa. Una nueva noche de amistad, camaradería, buen comer y buen beber, que compartió con nosotros nuestro buen amigo Ernesto Cajiao.
La tarde siguiente (sábado) la disfrutamos con el almuerzo y la buena atención en el Club Naval, y con el poco común espectáculo de presenciar desde la playa del Club el zarpe del hermoso “Queen Elizabeth II”. Casi todos captaron la impresionante escena con sus modernas cámaras digitales, pero hubo uno a quien que le tocó hacerlo con su vetusta, pero aún operativa “máquina de retratar”, objeto de burlas y vilipendios.
Por cortesía de la Armada Nacional tuvimos la oportunidad de hacer un corto tour nocturno por la hermosa bahía de Cartagena a bordo del ARC “Bell Salter”, micro-crucero que resultó inolvidable no solo por la vista nocturna de la bahía, y la buena música y la comida, sino por el cuasi - percance que tuvieron las señoras, cuando al embarcarse ellas, la rotura del portalón, por unos segundos nos tuvo al borde de la viudez.
Susto enorme, carcajada de alivio cuando las vimos secas e ilesas, e intenciones de futuras dietas, que por lo menos esa noche no se cumplieron. Lo que sí se cumplió fue la terminación de la velada en la discoteca del hotel.
Como si todos lo anteriores sucesos no hubieran sido suficientes, completamos este delicioso encuentro con un día de playa, “trejejquina”, “arroconcoco”, “sancochoepejcao” etc., en la hermosa casa, cercana a La Boquilla, del Sr. Capitán de Navío Jorge (el Ché) Berrío.
Al caer la noche regresamos a Bogotá, previo acuerdo de repetir esta inolvidable
convocatoria dentro de cinco, no dentro de diez años, pues nadie sabe,
para esos días, cuantos de nosotros lo contemplarán con envidia desde el cielo
(o donde quiera que estén).
-Celebración de los 50 años de graduados del contingente XXII Y M-3
El viernes 9 , a las 08:30 horas , se dio inicio a la celebración con una misa
en la capilla de la Escuela Naval . Antes de empezar el rito religioso pudimos
saludarnos ruidosamente a la entrada de la capilla : éramos 23 oficiales con sus
esposas , 3 viudas de compañeros fallecidos , y una gran cantidad de familiares
invitados . El Director de la Escuela , Contralmirante Ricardo Galvis , nos
recibió con su plana mayor ; para nosotros Ricardo seguía siendo el muchachito
que vimos juguetear en el barrio naval , el hijo de Hernán y Noris ; claro que
se veía imponente con sus canas , su uniforme y su bastón de mando . Sentimos
envidia de ver a esos oficiales jóvenes sin barriga , e inconscientemente
tratamos de esconder la nuestra . Empezó la misa y con ella los recuerdos y las
añoranzas . El sacerdote era muy joven pero muy despierto , de palabra fácil y
conceptos claros nos impactó con su prédica . En la capilla se podían casi
palpar la comunión de espíritus y el silencio respetuoso . Nuestros ojos barrían
el escenario tratando de adivinar los pensamientos ajenos . En el momento de la
elevación se escuchó el Himno Nacional , la piel se nos erizó , una bola de
emociones se nos atragantó en la garganta , y todos luchamos para contener las
lágrimas pero los ojos se nos pusieron acuosos . Cuando se leyó la oración del
marino sentimos en el alma ráfagas de brisa salobre y relámpagos de nostálgico
alborozo . Al término de la misa , José Antonio Villamizar pidió el micrófono y
leyó una hermosa oración escrita por él para agradecer a Dios las bendiciones
recibidas ; todos nos conmovimos profundamente al ver a nuestro compañero de
tantos años luchar contra los estragos de su enfermedad , aferrado con dignidad
a su carrito con la bala de oxígeno .
Posteriormente pasamos a la entrega de la placa conmemorativa ; allí quedaron en
letras de bronce los nombres de los 50 oficiales navales y los 7 oficiales
mercantes de nuestra promoción . Poco a poco , con el paso inexorable de los
años , esos nombres se perderán en las brumas del pasado . También se impusieron
las condecoraciones de ACORE a sus afiliados de nuestro grupo . Gustavo Ángel ,
nuestro ex - Comandante de la Armada , dijo unas breves palabras alegóricas a
estos actos ; otro tanto hizo el Director de la Escuela . Las ceremonias
concluyeron con el himno de la Armada , siempre tan hermoso , marcial y evocador
.
Nos reunieron en un salón de conferencias y allí el Sub-Director de la Escuela
nos puso al tanto de la organización actual , los cursos de Oficiales y cadetes
, los programas de intercambio , las instalaciones , etc .
Después de un oportuno refrigerio , ya libres del saco y la corbata , iniciamos
el recorrido por las instalaciones empezando por la biblioteca , en la cual nos
llamaron la atención las facilidades de acceso inalámbrico a Internet con su
conexión en red , así como las salas de tutorías para grupos pequeños de alumnos
; nos sorprendió el saber que hoy en día los cadetes tienen su propio computador
portátil . Posteriormente visitamos el pabellón de aulas de mesana , con la
consiguiente sorpresa que nos produjo el ver que todas tienen aire acondicionado
y pupitres para unos 25 alumnos , distribuidos funcionalmente en escalones para
facilitar la visibilidad hacia el instructor ; qué gran diferencia con los
tiempos nuestros en los cuales el calor era insoportable y la aglomeración de
alumnos era una constante ! . Luego visitamos los ranchos generales y los
camarotes de los y las cadetes con sus correspondientes secciones de baños y
duchas ; camarotes de 6 para los cadetes de segundo y tercer año ! , algo
inconcebible en nuestra época . Después visitamos la cámara de cadetes en
remodelación (por supuesto con aire acondicionado) , la tienda del cadete , y
dimos una vuelta en los buses por el barrio naval ; cada cual pudo distinguir la
casa donde nacieron y crecieron sus hijos .
Antes de pasar al comedor (con aire acondicionado) , vino algo muy emocionante :
nos formamos de frente al batallón de cadetes para presenciar primero el desfile
de la escolta del pabellón , con el sorpresivo paso marcial de nuestro ex -
Comandante de la Armada Gustavo Ángel que marchó con
los demás sin desentonar en nada diferente a las canas ; luego desfiló el
batallón de cadetes frente a nosotros ,. alborotando nuestros recuerdos y
emociones , bajo un sol canicular que nos hizo sudar a chorros .
Finalmente entramos al comedor y allí nos distribuyeron en las mesas de los
cadetes . A mi esposa y a mí nos tocó en una mesa de reclutas que tenían un mes
de haber ingresado a la Escuela ; menos mal que nos tocó un brigadier bastante
despejado y con quien pudimos sostener una conversación , porque los muchachos
estaban tensos , con la vista clavada al frente ; lo único que le escuché a uno
de ellos fue : “permiso para tomar agua , mi tenientee” . Al ver esos cadetes
con su cabeza rapada , quemados por el sol , delgados por el ejercicio físico ,
con toda clase de dudas sobre cómo comportarse , me trasladé mentalmente 54 años
atrás a mi época de recluta ,
cuando lleno de ilusiones escribí la letra del himno de nuestro curso ,
que podría haberse llamado “el himno del
recluta” :
Somos todos dispuestos cadetes
a estudiar en la Escuela y triunfar ,
por la patria , por Dios , nuestros padres ,
y salir caballeros del mar .
Marineros valientes y fuertes
empezamos con ansias de ser ,
y si un día la Patria nos llama
no podremos dejar de vencer .
Compañeros! ...la Escuela nos mira
y Colombia reclama el saber
de oficiales fervientes y nobles ,
y que sepan cumplir su deber ! .
Al terminar el almuerzo nos subimos de nuevo a los
buses (con aire acondicionado) que la Armada alquiló para nuestro uso exclusivo
durante los actos conmemorativos , y regresamos a los hoteles para descansar un
poco antes de iniciar el siguiente acto.
A las 20:00 horas , el Comandante de la Armada , acompañado por el Director de
la Escuela , el Comandante de la Fuerza Naval del Caribe , y otros Oficiales de
alto rango , nos dio la bienvenida al Club Naval para la comida formal ofrecida
a nuestra promoción . Nosotros vestíamos guayabera blanca de manga larga y
nuestras esposas traje de coctail ; los Oficiales en servicio activo sus
impecables uniformes blancos de trabajo . Después de las presentaciones de rigor
se formaron corrillos para departir , al calor del whisky , sobre todos los
temas imaginables .
Nos tomamos unos cuantos tragos y pasamos al comedor , donde fuimos sorprendidos
gratamente por la comida tipo buffet que nos sirvieron antes de pasar a las
mesas : carne de res en salsa , gran variedad de pastas como macarrones ,
espaguetis , raviolis , canelones , y lasaña ,
además de ensalada ; todo un deleite para el paladar , con el complemento de
vino y postre en la mesa . Durante la cena el Comandante de la Armada nos
dirigió unas palabras y posteriormente nuestro vocero Gustavo Ángel agradeció el
homenaje . Cerca de las 23 horas se dio por terminada la comida y nos retiramos
a descansar del agitado día .
EL SEGUNDO DIA
El 10 de febrero , a las 09:15 horas iniciamos el embarque en la fragata
Independiente , donde nos esperaba su Comandante para darnos la bienvenida . La
operación tomó más tiempo del esperado , pues además de nuestras esposas que ya
no son las ágiles gacelas de otros tiempos , se presentaron más familiares de
los programados . A medida que íbamos ingresando a la fragata fuimos
sorprendidos con el obsequio de gorras blancas con el escudo de la Fuerza Naval
del Caribe y visera de color azul con laureles dorados ; las gorras con doble
laurel fueron muy apetecidas , pues al pisar la cubierta del buque resultaron
más Almirantes que los de verdad . Nos produjo cierta sorpresa el ver a varias
Oficiales que se movían por el buque como Pedro por su casa , algo inimaginable
en nuestra época . La mayoría de nuestras esposas y familiares se ubicaron
estratégicamente en la proa , no solamente para evitar las empinadas escalas
hacia las cubiertas superiores sino para poder apreciar de cerca las maniobras
de zarpe y atraque . Yo me colé como pude a babor del puente de mando y desde
allí pude vivir las maniobras sin perder detalle , tratando de anticipar
mentalmente cada orden que daba el Comandante . Qué placer tan grande el poder
volver a sentir la brisa marina en la cara , y ver cómo se deslizaba la fragata
buscando el canal de salida por entre las boyas . Pasamos por Bocachica , dimos
una corta vuelta mar adentro , y luego iniciamos el viaje de retorno . Hacia las
12 horas atracamos en el muelle de la Base Naval y , después de agradecer al
Comandante y su oficialidad , desembarcamos para dirigirnos a la Cámara de
Oficiales de la Base para el almuerzo de compañeros ; los que quisieron ,
pudieron hacer una corta visita al velero Gloria que estaba atracado en el
muelle .
Cuando ingresamos a la Cámara de Oficiales pudimos apreciar que el aire
acondicionado funcionaba perfectamente y que las instalaciones y muebles estaban
en excelentes condiciones , a pesar del transcurso del tiempo . Luego pasamos a
las mesas , arregladas para 10 personas y pudimos refrescarnos con whisky,
gaseosas y vino . Poco a poco se fueron llenando las mesas programadas y ,
a medida que se arreglaban más mesas , la preocupación empezó a crecer entre los
organizadores , y particularmente atacó a Jorge Humberto Lara , nuestro
coordinador en Cartagena , quien comenzó a sudar la gota fría pues miraba con
angustia la mesa del buffet contratado y presentía una “blanqueada” de grandes
proporciones . Se había planificado que asistiríamos a este almuerzo 72 personas
, incluyendo 20 invitados familiares . Cuando se contaron cabezas , horror de
horrores , la cantidad se había estirado hasta 114 , es decir 42 familiares
habían salido de la nada !! . Aún no sé cómo se las arregló Lara para sacar
comida del cubilete . Corrían rumores de que tuvo que pedir ayuda al Club Naval
, de que había dado órdenes a los camareros que servían para reducir las
porciones al mínimo , de que se estaba elaborando una lista de los adicionales
para cobrarles la cuota , de que Gustavo Ángel estaba al borde del infarto ,
etc. . Mi opinión personal es la de que Lara invocó a Jesucristo , gran experto
en multiplicar peces , pan y vino , y que finalmente obtuvo su colaboración,
pues la comida alcanzó para todos. Después del almuerzo
tomamos los buses hacia nuestros hoteles para descansar un poco y reiniciar más
tarde la apretada agenda.
A las 20:00 horas se inició en el Club Naval la comida ofrecida por nuestra
promoción para retribuir atenciones . El Comandante de la Armada no pudo asistir
pero sí lo hicieron las demás autoridades navales de
Cartagena , además de algunos oficiales retirados que fueron nuestros superiores
durante nuestra vida de cadetes ; gran alegría nos produjo la presencia de
nuestro brigadier mayor , el hoy Capitán de Navío (r) Enrique Román , a quien
todos llegamos a respetar y querer por su simpatía , don de mando y prusianismo
; también asistió el Capitán de Navío (r) Julio César Reyes Canal , quien fue
uno de nuestros Directores de la Escuela Naval , Oficial de mística ejemplar y
líder de innegables condiciones . La comida siguió las mismas pautas de la
ofrecida por el Comandante de la Armada la noche anterior, con la diferencia de
que en esta ocasión los “paganinis” fuimos nosotros . El menú fue en esta
oportunidad a base de pescado en salsa de almendras , papas al vapor , ensalada
y postre , acompañados de vino . Gustavo Ángel hizo el ofrecimiento esta vez , y
el Comandante de la Fuerza Naval nos dirigió unas breves
y generosas palabras ; más tarde , el Capitán Reyes Canal leyó unos párrafos
escritos por él en su mejor estilo . Cerca de las 23 horas nos retiramos a
descansar para enfrentarnos al último día de celebraciones .
EL TERCER DIA
Todos pensábamos que el almuerzo ofrecido por nuestro compañero Lucho Cotes ,
sería algo sencillo , a manera de trámite para terminar las celebraciones ;
también creíamos que la invitación de Lucho era para reemplazar el viaje de
avión “charter” pagado por él , que nos había ofrecido al calor de los tragos 10
años antes durante la celebración en Cartagena de nuestros 40 años de graduados
. Tremenda sorpresa nos llevamos todos . Lucho nos esperaba con su esposa
Francia en el kiosco grande del Club Naval ; unas 10 mesas muy bien arregladas ,
con sillas elegantes , nos fueron ofrecidas para sentarnos a medida que íbamos
ingresando ; los camareros estaban impecablemente vestidos de blanco , con
pañuelos rojos alrededor del cuello y sombreros típicos costeños ; al final del
kiosco , hacia la playa estaban las mesas del buffet . De pronto me acordé de
que Lara había prevenido el día anterior a Lucho sobre la eventual asistencia de
familiares invitados , a lo cual él había contestado que no se preocupara que
podían asistir los que quisieran : así es Lucho , hombre sencillo , generoso y
sin complicaciones . Empezaron a servir whisky y refrescos , además de unos
fritos deliciosos con queso costeño y suero ; luego pasamos a la mesa del buffet
, que resultó ser un suculento sancocho costeño . Empezamos a comer y luego
fuimos sorprendidos por un conjunto de mariachis . Entre los fritos , el
sancocho , los tragos y los mariachis , la alegría de los asistentes se fue
trepando ; qué espectáculo el ver ese grupo de compañeros felices , junto a sus
esposas , hijos y nietos , indiferentes a sus barrigas y a sus canas , reír y
gozar como adolescentes en pleno alborozo , y aglutinados por un espíritu de
unión difícil de explicar o definir .
Hacia el final de la reunión se escucharon unas muy cortas palabras para
expresar los agradecimientos de todos nosotros , en primer lugar a Lucho y
Francia por ese almuerzo tan lindo (el vuelo “charter” pagado por él quedó
pendiente para dentro de 50 años , cuando podrán viajar a Cartagena las urnas
con nuestras cenizas) , en segundo lugar a Jorge H. Lara por su sorprendente
dedicación a coordinar todos los detalles de las celebraciones con su
característico don de huirle a cualquier protagonismo , en tercer lugar a
nuestro vocero Gustavo Ángel por habernos representado en forma tan elegante ,
sobria y responsable ; también se expresaron agradecimientos a José Antonio
Villamizar por su coordinación de los audio visuales , a la Armada Nacional por
sus generosas manifestaciones de soporte y acogida , y a los familiares
invitados por habernos acompañado ; se leyó además un mensaje que desde España
nos envió nuestra querida Vicky Bustamante , viuda de nuestro inolvidable
compañero fallecido Antonio M. Martínez .
Hacia las 17 horas se dio por terminado el almuerzo y nos despedimos con la
certeza de que habíamos disfrutado durante los tres días de una
fiesta inolvidable .
EL PRIMER DÍA



Durante
los mas de cuarenta años en que tuve el honor de pertenecer al
servicio activo de la Armada Nacional (1963 – 2003), como es de suponer, muchos
episodios de tan extensa carrera conservo en mis recuerdos, algunos convertidos
en amables anécdotas por ese generoso recurso de la memoria que nos permite
olvidar lo inconveniente y conservar lo que pretendemos sea significativo e
interesante a los oídos de nuestros nietos. Un suceso en particular, de enorme
trascendencia institucional y nacional, que se inició durante el segundo
semestre de 1996, hace diez años por esta época, fue el alistamiento de la
Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla” para recibir, en enero del
año siguiente, por primera vez en su historia, el primer contingente mixto de
cadetes navales. Desde su creación el 3 de julio de 1935, la moderna Escuela
Naval Nacional (nombre original de la Escuela Naval), funcionando abordo del MC
“Cúcuta”, había recibido solamente varones y sobran razones para asegurar, que
la presencia de mujeres cadetes, por primera vez en 61 años de existencia,
constituyó un acontecimiento histórico de primera
magnitud el cual tuve el privilegio de protagonizar en mi entonces calidad de
Director (1996 y 1997).
Antes de continuar, debo aclarar que la presencia de la mujer en la oficialidad naval colombiana, en calidad de oficiales del Cuerpo Administrativo, se remonta al año 1986, once años antes del ingreso de las primeras cadetes que a la postre serían las primeras oficiales de línea de la Armada de Colombia y es oportuno verificar la diferencia entre las dos modalidades. Las primeras, fueron parte del primer curso mixto de profesionales que incorporó la Institución para atender áreas jurídicas, médicas, de ingeniería civil, etc. Estos profesionales, hombres y mujeres, previa aprobación de un curso de inducción, que no sobrepasa seis meses de duración, se incorporan como Tenientes de Corbeta o como Tenientes de Fragata dependiendo de su grado de especialización y ejercen sus especialidades en las diferentes unidades en tierra de la Armada. Las segundas, las oficiales de línea o de carrera, son las bachilleres que decidieron seguir la carrera militar a través de la Armada, ingresando como cadetes, dispuestas a cumplir los requisitos que durante cuatro años de formación en la Escuela Naval de Cartagena, las habilita para recibir el grado de Tenientes de Corbeta, primer peldaño en el escalafón de los oficiales navales y de infantería de marina. Es pues indudable que el ingreso de la mujer a la carrera naval como oficiales de línea, marcó un hito de trascendental importancia en la historia de nuestra Marina de Guerra y diez años después de haberse iniciado este interesante proceso, me atrevo a afirmar que los resultados han superado las expectativas, por cierto no muy optimistas en un principio. La realidad es que la presencia femenina en las unidades a flote y en las instalaciones en tierra, inicialmente como oficiales del Cuerpo Logístico y en la actualidad con las opciones que ofrece el Cuerpo Ejecutivo (Superficie, Ingeniería, Submarinos y Aviación Naval), ha humanizado la ruda actividad de la vida marinera y ha estimulado positivamente el tradicional espíritu de superación de los hombres de mar.
Importante tarea nos reservó el destino, tarea que pudimos cumplir gracias al esfuerzo mancomunado de muchas personas, militares y civiles al servicio de nuestra Institución, excelentes en los campos humano y profesional, personas con quienes compartí la sorpresa inicial, cuando se nos confirmó que la Escuela Naval recibiría las primeras jóvenes bachilleres en enero de 1997 para iniciar su formación como oficiales regulares de la Armada; repuestos de ella, el entusiasmo y la optimista determinación con que abocamos la tarea encomendada convencidos de la bondad de la decisión y finalmente, cuando ya fue un hecho la presencia de estas jovencitas en el alma máter, la profunda satisfacción de ver cumplido el objetivo de iniciar un programa inédito y me atrevo a decir que impensable en la Armada de Colombia. No es de extrañar entonces que ahora, con justificable nostalgia, recuerde el 12 de diciembre de 1997, fecha de mi relevo en la Dirección, coincidente con la finalización del primer año de formación de las cadetes, que me permitió comprobar con inmensa satisfacción y orgullo que dentro de las marciales y disciplinadas filas del Batallón de Cadetes, que me rendía los tradicionales y reglamentarios honores militares de despedida reservados al comandante que deja el cargo, estaban presentes también las nueve mujeres cadetes, que habían aprobado satisfactoriamente su primer año naval. Debo reconocer que a la emotividad de momento tan significativo de mi vida militar, se agregaba la gratificante sensación de haber liderado una experiencia institucional de tanta importancia. Pero hagamos de lado la nostalgia y no demos mas largas al inicio de esta historia.
Antecedentes
Como
rutinariamente ocurre durante el segundo semestre de cada año, también en 1995
se inició en todo el país la selección de los bachilleres que serían
incorporados en enero del siguiente año a la Armada Nacional para integrar los
cursos de cadetes navales, de infantería de marina y mercantes que un proceso de
cuatro años los convertirá en
oficiales de la Armada. Sucedió en este reclutamiento un hecho sin
precedentes: una joven bachiller había resuelto ser oficial de Infantería de
Marina y su propósito solamente podría lograrlo ingresando a la Escuela Naval de
Cadetes de Cartagena, único instituto idóneo y legalmente habilitado para tal
fin. Fácil resulta imaginar lo que pudo haber ocurrido entonces: Adriana
Granados Vásquez, así se llama nuestra histórica bachiller,
solicita ser inscrita como aspirante al curso anual de cadetes de
Infantería de Marina promocionado para iniciar en enero de 1996. El suboficial a
cargo, como era de esperar, explicó a la solicitante que esa posibilidad era
exclusiva para hombres y satisfecho con su actuación continuó su trabajo: “el
siguiente”. Qué lejos estaba nuestro celoso y cumplidor suboficial al pensar que
su negativa sería disuasivo suficiente para la obstinada solicitante y veamos
por qué.
El “no se admiten mujeres”, sustentado en la mera tradición, tan solo estimuló la insólita pretensión de Adriana, la joven bachiller bogotana; ella había decidido pertenecer al glorioso cuerpo de Infantería de Marina – osadía que sin lugar a dudas la acreditaba prematuramente como un excelente prospecto para la actividad – y sin pensarlo dos veces, resolvió recurrir al expedito recurso de la acción de tutela, mecanismo introducido en la Reforma Constitucional de 1991, para hacer prevalecer sus derechos a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad y en buena hora para la Armada de Colombia, su pretensión fue acogida favorablemente por la Corte Constitucional, mediante sentencia T – 624/95 del 15 de diciembre de 1995. Dada la festiva época del año y las llamadas vacaciones judiciales, la ineludible notificación de las partes, solo se produjo cuando ya los procesos de selección e incorporación – que no admiten listas de espera - se habían agotado en el tiempo, razón por la cual Adriana Granados debió posponer sus avaladas aspiraciones para el proceso de ingreso de enero de 1997.
Como era de esperar, conocida su tenacidad, la persistente Adriana Granados, en cuanto se abrieron las inscripciones antes indicadas, se presentó nuevamente en la oficina de reclutamiento de la Armada en la ciudad de Bogotá y en esta ocasión, aunque fue recibida con admirada y cordial bienvenida, como es y ha sido tradicional en nuestra Armada, un hecho infortunado vendría a entorpecer los planes de nuestra aspirante. La Sanidad Naval encontró que Adriana Granados no era físicamente apta para el servicio militar y ella con pesar pero con la entereza que ya había demostrado, declinó su aspiración de ser la primera cadete de Infantería de Marina pero su determinación ya había abierto las puertas a todas las mujeres colombianas, que al igual que ella, decidieran seguir la carrera naval militar. No tuve la oportunidad de conocer personalmente a esta singular joven pero desde estas líneas le hago llegar mi saludo, convencido como estoy de que su nombre deberá ser siempre recordado con agradecimiento y admiración por todas las mujeres que siguiendo su ejemplo, han logrado graduarse como oficiales de línea de la Armada de Colombia en la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla”. Han sido 44 Tenientes de Corbeta entre los años 2000 a 2005, quienes durante cuatro años han cumplido satisfactoriamente con todos los requisitos intelectuales, académicos, físicos y psicológicos establecidos para los oficiales de la Armada Nacional de Colombia y la mayoría de ellas se encuentran prestando patrióticos y eficientes servicios en nuestros buques de guerra y en instalaciones de apoyo en tierra.
Nos preparamos
Narrado
este necesario antecedente, volvamos a 1996. Hacia el mes de agosto, cuando ya
estábamos notificados de la novedad: en enero de 1997, tendríamos las primeras
mujeres bachilleres cadetes en nuestra Escuela Naval y debíamos prepararnos para
recibirlas. No era asunto trivial y sí una gran responsabilidad. Reuní a mis
oficiales, en realidad durante aquellos días sostuve muchas reuniones con ellos,
pues la trascendental decisión, la presencia de mujeres cadetes que llegarían en
escasos cinco meses, era asunto que afectaba dramáticamente todo cuanto hasta
entonces había sido la vida en la Escuela Naval de Cadetes.
El cambio profundo que nos correspondía iniciar, la presencia de mujeres,
adolescentes en realidad, en los patios, en las aulas, en los camarotes, en los
laboratorios, en los campos deportivos, en las cámaras de cadetes y
guardiamarinas, en la capilla, en la enfermería, en fin, en toda las
instalaciones del instituto, nos imponía acciones que debíamos realizar en muy
corto tiempo y de forma tal que garantizara el éxito. La excelencia fue nuestra
consigna y ella no excluyó ninguna actividad.
No quisiera obviar, así sea brevemente, el inusitado despliegue que tuvo la decisión judicial en los medios. Hubo toda suerte de opiniones, también dentro de los integrantes de la Armada, unos a favor otros en contra pero afortunadamente no hubo indiferencia. No era asunto de poca monta que después de 61 años de funcionamiento, ingresaran a la Escuela Naval de Cadetes mujeres empeñadas en ser oficiales navales de carrera, esa era la gran diferencia y al fin y al cabo se trataba de competencia directa y bien sabemos los marinos sobre la tenacidad, la determinación, y los resultados excelentes que logra la mujer cuando algo se propone. Recuerdo que no sin ironía y abundantes gracejos, en tertulias de cámara, se hablaba de las posibles motivaciones que habrían tenido las aspirantes para ingresar a una escuela de formación militar caracterizada por la rudeza de sus procedimientos y el grado de dificultad de su academia. Dentro de esa gama de posibilidades, quizás la mas amable y conciliadora de las razones, se refiere al efecto que pudo haber tenido, como era de esperar, la muy reciente participación de la Escuela Naval de Cadetes “Almirante Padilla”, en el desfile militar con que se celebró en Bogotá la fecha patria del 20 de julio, seductor escenario en donde los marinos: oficiales, guardiamarinas y cadetes, venidos del soleado Caribe, enfundados en la nívea blancura de sus uniformes y marchando con arrogante marcialidad al compás de las bandas de guerra y de músicos, arrancaron nutridos aplausos de quienes observaban emocionados ese homenaje de los militares a la patria. En efecto, un año más tarde, el 20 de julio de 1997, ese mismo escenario se vio engalanado con la participación de 14 cadetes mujeres en las filas de nuestro batallón. Entre otros muchos recuerdos del primer día de las cadetes en la Escuela Naval, me viene a la memoria la graciosa entrevista que me hizo el popular Salvo Basile, representando una conocida cadena radial, con su característica simpatía y casi asaltando la oficina de la Dirección, estando al aire, entre preguntas y respuestas me lanzó la siguiente impertinencia: “¿Almirante, qué piensa la Armada, una organización tan machista, del ingreso de las primeras mujeres cadetes?”. Creo que no me sorprendió la pregunta pero si a él la respuesta: “Salvo, estamos encantados con su llegada y preparados para recibirlas y en cuanto a su afirmación, la respuesta se la dan los hechos”. Una estruendosa carcajada de Salvo cerró la oportuna entrevista.
Nos dimos entonces a la tarea inicial: acondicionar la infraestructura existente para recibir mujeres y antes de continuar esta narración, justo es reconocer la importante participación que tuvieron todas las personas convocadas para adelantar las diferentes tareas de alistamiento y ante la imposibilidad de citarlos a todos y a todas, me limitaré a recordar a quienes, en razón de sus cargos, debieron liderar tareas específicas, advirtiendo que los grados que cito corresponden a los que tenían entonces: Capitán de Navío Fernando Román, Subdirector de la Escuela; Capitán de Fragata Jairo Peña, Comandante del Batallón de Cadetes; Capitán de Navío Luís Francisco Chacón Peña, Decano Académico; Teniente de Navío Edgar de la Torre Díaz, Jefe de Administración; Señora Constanza Villadiego de Camacho, Sicóloga del Batallón de Cadetes.
El aspecto más urgente que debimos solucionar fue el alistamiento de los dormitorios o “ranchos” para las cadetes puesto que las otras dependencias no requerían reformas especiales de momento. No eran muchas las opciones y urgente la decisión. Decidimos que el “rancho” del segundo piso del edificio Brión, dependencia que en el pasado había alojado a cientos de oficiales en alguna época de nuestro “tiempo de escuela”, fuera el destinado a este fin. El espacio disponible y la proyección de ingreso de mujeres nos permitieron remodelar a seis camarotes con seis literas cada uno. Con esta reforma hicimos realidad una vieja aspiración de todos quienes habíamos sido cadetes navales de la escuela de Manzanillo, contar con camarotes limitados a dos, cuatro o seis ocupantes según la antigüedad, en lugar de los desapacibles ranchos generales que nos alojaron mientras fuimos cadetes (durante el año de Guardiamarinas teníamos derecho a camarote). Decidimos extender la reforma a los dormitorios de todo el edificio Brión. Fue este quizás el primer resultado positivo que derivamos de la llegada de las mujeres cadetes; la gran innovación, camarotes para todos, con excepción de los cadetes varones de primer año que en el edificio Padilla seguirían compartiendo un “rancho” general por razones prácticas de control y formación.
Durante este proceso de transformación, traigo a colación las especiales previsiones que debimos tomar para la remodelación de los baños que habrían de ser utilizados por las cadetes. Los sencillos y austeros “jardines” (baños) existentes, concebidos para varones desde su construcción, sufrieron una total metamorfosis. La espartana sobriedad de estas instalaciones se vio invadida por lo que consideramos entonces glamorosos aditamentos pero que en realidad no fueron más que algunos espejos “de cuerpo entero” y divisiones acrílicas en las duchas para mayor privacidad. Fueron muestras apenas de lo mucho que nos preocupaba recibir de la manera más digna a sus primeras huéspedes.
Las recibimos
Y llegaron las cadetes el 7 de enero de 1997. Fueron inicialmente 15 aspirantes procedentes de diferentes regiones de Colombia, la mayoría de Bogotá en este primer curso, situación que cambiaría en posteriores incorporaciones y bien vale la pena recordar los nombres de estas pioneras:
1. Mónica Paola Álvarez Cardozo de Duitama
2. Lissette Patricia Casadiego Miranda de Cartagena.
3. Jenni Marcela Contreras Arias de Bogotá.
4. Gina Ximena Díaz Páramo de Bogotá.
5. Natalia Díaz Reyes de Bogotá.
6. Grace Patricia Durán de las Salas de Barranquilla
7. Angelina Paola Isaza Parada de Bogotá.
8. María Carolina Lizarralde Niño de Bogotá.
9. Claudia Janeth Londoño Londoño de Valledupar.
10. Esther Carolina Medina Salinas de Bogotá.
11. Sandra Patricia Moreno Martínez de Bogotá.
12. María Alexandra Porras Díaz de Bogotá.
13. Marcela Ramírez Ramos de Bogotá.
14. Ángela María Silva Muñoz de Barranquilla.
15. Ana María Zabala Restrepo de Bogotá.
Esther Carolina Medina Salinas se retiró de la Escuela antes de la ceremonia de Juramento de Bandera. Fueron entonces 14 las jóvenes que iniciaron el primer año y lo terminaron satisfactoriamente nueve de ellas; ocho continuaron al segundo año: Mónica Paola Álvarez Cardozo, Jenni Marcela Contreras Arias, Natalia Díaz Reyes, Grace Patricia Durán de las Salas, María Carolina Lizarralde Niño, Sandra Patricia Moreno Martínez, Marcela Ramírez Ramos y Ángela María Silva Muñoz.
Finalizando
el año 1996, hubo cambios importantes en la planta de la Escuela Naval y fueron
otras las personas que me acompañaron en esta segunda y definitiva fase, la
recepción
de las primeras cadetes. Con la misma advertencia que hice anteriormente,
cito a quienes tuvieron participación directa en este proceso: Capitán de Navío
Mario Rubiano-Groot, Subdirector de la Escuela; Capitán de
Fragata Roberto García Márquez, Comandante del Batallón de Cadetes;
Capitán de Fragata Luís Arturo Faccini, Decano Académico; Capitán de Fragata
Jorge Fernando Maldonado Ayala, Jefe de Administración; Teniente de Navío Germán
Locarno Blanco, Comandante de la Compañía Binney
de Reclutas; Teniente de Fragata Francisco Caro,
Jefe de la Comisión de Alimentación de Cadetes y seguimos contando con el
excelente trabajo de la Sicóloga Constanza Villadiego de Camacho. Destaco aquí a
la Guardiamarina Ruth Marina González, alumna del Curso PR-30 del Cuerpo
Administrativo, curso que se encontraba en la fase de inducción y que se
graduaría en marzo de 1997 como tenientes de
fragata. La Guardiamarina González, contadora especializada en Finanzas, fue
seleccionada para servir como coordinadora o enlace entre el Comando del
Batallón de Cadetes y el grupo de cadetes mujeres. Fácil comprender que para
ciertos temas y situaciones, la comunicación entre los oficiales del batallón y
las cadetes, se vería facilitada por otra mujer. En este primer año, a pesar de
que se trataba de una profesional que tenía muy poco tiempo en la Armada (cuatro
meses apenas cumplía en enero de 1997), sus servicios fueron destacados y
cumplieron ampliamente el objetivo que nos habíamos propuesto. De una u otra
forma todos estábamos aprendiendo.
Como ya lo mencioné, terminando el primer año de formación del contingente mixto, en diciembre de 1997 fui destinado a la Dirección General Marítima con sede en Bogotá como Director y aunque siempre estuve atento al progreso de esa primera experiencia – mujeres cadetes navales – mis nuevas ocupaciones me alejaron del proceso pero en muy corto tiempo volvería a saber de “mis pupilas” y esto ocurrió de la siguiente manera: a mediados del año 1998, recibí la sorpresiva pero grata visita de la señorita Teniente de Fragata Ruth Marina González, oficial a quien ya nos referimos y quien había continuado en la Escuela Naval de Cadetes como Contadora, ya no como coordinadora del grupo de las primeras cadetes mas ella había seguido ligada afectivamente al proceso. En esta ocasión la teniente Ruth no era portadora de buenas noticias y recurría a mí en procura de una solución. Se estaba programando el Crucero de Cadetes 1999 a bordo del Buque Escuela ARC “Gloria” y correspondía la extraordinaria oportunidad al contingente mixto al que pertenecían las cadetes de esta historia. Resulta que el Mando Naval había decidido excluir a las cadetes del crucero en razón a que el Buque Escuela carecía de la infraestructura para alojar mujeres. Era real el argumento pero inaceptable a mi juicio la decisión.
Como quiera que se trataba de un asunto que asumía como propio, de inmediato me puse en contacto con el señor Comandante de la Armada de entonces, Almirante Sergio García Torres a quien le hice ver lo inconveniente e injusto que sería no embarcar a estas jóvenes que tenían exactamente los mismos méritos que sus colegas varones para participar en el entrenamiento marinero mas importante que hoy por hoy tienen los cadetes navales y de infantería de marina colombianos. Sin lugar a dudas, el embarque en el Buque Escuela ARC “Gloria” es el sueño de todos los marinos en formación – cadetes y grumetes - de nuestra Armada. El Comandante entendió mis razones, la Dirección General Marítima asumió el costo de las reformas que fue necesario efectuar en el velero para alojar mujeres y se hizo posible el embarque no solamente de las cinco jóvenes cadetes sino también de dos oficiales mujeres del Cuerpo Administrativo: la Teniente de Fragata Ruth Marina González a cargo de las primeras y una oficial médico, la Teniente de Fragata Sandra Moreno. De esta forma el 19 de febrero de 1999, se inició un memorable crucero de entrenamiento, que zarpando de Cartagena de Indias, recorrió 14.071 millas náuticas, tocando puertos principales del Ecuador, Perú, Chile, Canadá, Estados Unidos y Méjico, regresando al puerto de partida, Cartagena de Indias seis meses y once días mas tarde, el 30 de agosto del mismo año. De este episodio, quedan en mis recuerdos, la inmensa satisfacción de haber podido contribuir en la participación de las cadetes en el Crucero de 1999 a bordo del ARC “Gloria” y una carta, puesta al correo en Vancouver, suscrita por la teniente González y las cinco cadetes, en donde, además de contarme lo mucho que están disfrutando y aprendiendo de tan singular experiencia, en conmovedoras palabras me expresan su agradecimiento por lo que a juicio de ellas había sido oportuna intervención de mi parte. Desde entonces, cada crucero de cadetes se ha enriquecido con la presencia de cadetes mujeres. Destaco con especial satisfacción los nombres de estas pioneras, de las primeras mujeres – oficiales de línea - que recibieron el grado de Tenientes de Corbeta de la Armada de Colombia, el 7 de diciembre de 2000: Mónica Paola Álvarez Cardozo, Grace Patricia Durán de las Salas, María Carolina Lizarralde Niño, Sandra Patricia Moreno Martínez y Marcela Ramírez Ramos. Siempre les dije en mis charlas semanales como Director, “son ustedes las pioneras, son las primeras y con ese título pasarán a la historia”

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ZAFARRANCHO FOTOGRÁFICO
CELEBRACIÓN
DEL CUMPLEAÑOS 91º
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Alm Eraso Annexi, hija, nieto y bisnieto
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Alm con sus hijos Jaime, Elicia, Luly y Maria
Eugenia
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Cena familiar
El pasado sábado 3 de Febrero, en reunión familiar, sus hijos Jaime,
Maria Eugenia, Luly y Elicia (ausente Gustavo) le celebraron el 91º
cumpleaños al Sr. Alm. Jaime Eraso Annexi, Allí se reunieron cuatro
generaciones, además del Sr. Almirante, estaban: Maria Eugenia (hija),
Guillermo (nieto) y Nicolás (bisnieto), quien actualmente lleva el
farolito de la familia.
Además entre otros asistieron: Stacy,
Rosana y Philipe (nietos); Ferry,
Patricia, Juan, Cristian y Melanie (yernos y nueras).
Durante la cena el Almirante Eraso pronuncio con voz clara y segura,
unas palabras de mucho contenido familiar que en algunos momentos se
resquebrajaban, reflejando la emoción de estar rodeado por sus seres
queridos. Sin dejar su buen humor dijo que quisiera tener la
movilidad de los pies igual a la que tenia en la mente, ya que la suya,
era caminante.
El Sr. Alm se sintió muy contento durante la reunión, agradeciendo el
haber llegado a donde estaba y contar con el calor del amor que le
profesaba toda su familia.
El Conti Jairo Quiñónes Cyber-corresponsal en Miami, estuvo allí como
invitado, único no familiar, pero sí con pase de fotógrafo.
CELEBRACIÓN DEL CUMPLEAÑOS 63º
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En Acore -Cartagena- le celebraron al CR IM Chepe Calderón, como merece,
el cumpleaños 63º. En la fotografía en el momento del brindis, aparece
rodeado por Valm Uribe, BG IM Gnecco y otros distinguidos oficiales.
MUCHAS FELICITACIONES CHEPE !!!
DIA DE LA INFANTERÍA DE MARINA EN COVEÑAS
![]() El 12 de enero en
Coveñas, aparecen los Srs Almirante Guillermo Barrera COARC y CALM
Alejandro Parra CIMAR
![]() El día de la
Gloriosa Infantería de Marina en Coveñas, aparecen los Coroneles IM
Calderón, Franco y Arnedo y los Generales IM Sánchez, Gnecco, Pedraza
y Castañeda.
RECORDANDO VIEJOS TIEMPOS
![]() ![]()
Mientras Myriam de García y Karin de Álvarez disfrutan placenteramente
de su crucero en ballenera, sus esposos reman como dinámicos reclutas
![]() Misael Álvarez, al
abordar el "ARC Bell Salter", todavía saluda al estilo prusiano y como
si aún tuviera 20 años |
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¡ QUE ME ARROJEN AL MAR !
![]() Yo no quiero una tumba, ni una cruz ni
coronas,
tampoco una lágrima, me aburre oír llorar,
ni siquiera que me recen, solo pido una
cosa...
para el día que me muera: ¡que me arrojen al
mar!
Las luces de los barcos se iluminaran cual
sirios,
las boyas cual campanas se pondrán a doblar
y en la penumbra vaga de mi capilla ardiente
he de sentir salobre todo el llanto del mar.
Y así como he vivido al azar, al azar quiero
irme
a otra tierra, mecido por la hamaca de la mar.
Quiero dejar anclado mi corazón vacío
en un lejano puerto y muerto aún viajar.
Si es que temo a la muerte, mas que por ella
misma
es por esa parálisis de la inmovilidad.
Mas que los tiburones me espantan los gusanos
por eso el día que me muera ¡que me
arrojen al mar!
Señor Almirante Parra, Almirante de la mar,
descanse en paz. |
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